
Todo empieza suave, como una caricia. Al principio cuesta relajarse pero poco a poco te vas soltando. El cuerpo se aclimata, se prepara para la acción. Los músculos conocen la rutina, saben cuan placentero será el resultado y se entregan al esfuerzo sin dudarlo.
El calor sube, la piel responde abriendo los poros para dejar escapar gotas de ansiedad; desaparece el estrés, se armoniza cada órgano, se equilibran las ideas, hay sosiego.
La música acompaña, marca el compás, te dejás llevar y si cerrás los ojos podés viajar a cualquier parte. Las rutas están delante, más allá las montañas. A veces sopla viento. Los paisajes de tus sueños te abrazan mientras encontrás la cadencia buscada.
La respiración y el pulso cambian de ritmo; se aceleran y se calman una y otra vez para lograr el objetivo.
Las fuerzas empiezan a flaquear, las bocanadas de oxígeno te devuelven a la vida.
El agua te refresca, pura y deliciosa como nunca.
Más, más, se disfruta, es adictivo. Hay placer en el impulso.
Y cuando sentís que ya no podés, que todo vos vas a estallar, llega la calma, se recupera el dominio, la relajación es ahora la recompensa.
Su voz te trae de regreso, esa voz que te acompañó todo el proceso y te guió por caminos imaginarios.
Te proyectás en la ducha, limpiando los rastros de toxinas que todavía quedan adheridos; el sabor de la comida que te hará recuperar las energías llega a tu boca y te sentís saciado, casi completo. El primer pensamiento hace su aparición y entonces te das cuenta que valió la pena.
SANDRA 7y22/3/2007
1 comentario:
Encontre tus poesias de casualidad, probando un telefono con wifi entre en google y puse d'ovidio, mi apellido tambien y me encontre con esto, me encantaron, especialmente a Damian. Te felicito.
Ignoro donde viene el parentezco pero me alegro saber que alguien con ese apellido escribe cosas tan lindas.
Cariños. Emilio D'Ovidio
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